Eran las 19 horas y en la casa natal de Jos Martnez Ruiz (Azorín) en Monovar, hoy Casa Museo de Azorín, todo estaba dispuesto para que la primera sesión de las Jornadas organizadas por la CAM sobre la CONTRIBUCIN DE AZORN AL PERIODISMO MODERNO se desarrollara de acuerdo al programa previsto…
El acogedor salón, en otros tiempos comedor de la gran casona, estaba repleto de personas amantes de la cultura y de las letras. D. Mariano Gómez Santos, escritor y Premio Nacional de Literatura y Premio Julio Camba 2004, nos deleitó con sus vivencias con Azorín, sus relatos y la forma de vivir y de manifestarse de aquel hombre sensible y responsable en las etapas más difíciles de su vida.
Y le tocó el turno a nuestro Florencio que, seguro y decidido, empezó:
Muchas veces he tenido que decir que entre Azorín y yo no existía ningn vnculo familiar a pesar de la coincidencia de nuestros apellidos, (Martnez Ruiz). Azorín nació en Monóvar, en esta misma casa, en 1873, y yo nací en 1930 en Alcalá de la Vega, pueblo bañado por el río Cabriel, en la Baja Serrana conquense y mis padres fueron: Miguel Martínez Sánchez y Alejandra Ruiz.
Me dio miedo el gran silencio de la sala porque temía que los pálpitos de mi pecho se escucharan. Pero Florencio sigui espléndido y seguro hasta el final, premiado por el entusiasta aplauso de los asistentes.
Al terminar nos abrazamos, nos hicimos intercambio de libros personales y recordamos… a nuestro pueblo, a sus calles, a sus familias, a nuestros padres…, a las Eras Altas y a las Eras Bajas, al molino Piote y al del Otro Lao, al Sargal, a la Vias, al Charcazo…, al Cerrillo y al Monegrillo…
Sin olvidar su faceta de periodista, poeta, escritor, crtico literario y, sobre todo, amigo, me acordé de su labor en Los domingos de ABC, Mirador Literario, Domingo Cultural y Mundo Hispnico donde fue redactor-jefe en el Instituto de Cultura Hispnica. Recordé su faceta de crítico literario y de asesor en TVE de Encuentros con las Letras y Las cuatro esquinas. Y me acordé de aquel día en que me dijo que cuando viera algún escrito firmado por Eduardo Alcalá (en recuerdo de su sobrino y a su pueblo), pensara que detrás de aquella firma estaba Florencio Martnez Ruiz.
Me obsequió con su ltimo libro de poesas: El Cabriel Dormido con 21 sonetos, sacado a jirones de su vida y recuerdos alcaleños:
Río Cabriel
El aro de hierro
Alcalá de la Vega
El alamotejo
Ricardo
El Monegrillo
El burro de Cancio
La acordeón de Mónico
Nazario el maqui
Me pareció, por un momento, que en la calle Salamanca de Monóvar se había concentrato todo nuestro pueblo, Alcalá de la Vega.