Recordando a Ramón Berenguer IV

Este verano pasado pude hacer realidad un deseo. Desde que supe -hace ya mucho tiempo- que el castillo de Serreilla estaba incluido en los límites asignados a Daroca en la primera mitad del siglo XII, quise hacer un recorrido para conocer y visitar el amplio perímetro de sus términos.

En el año 1132 Ramiro II de Aragón concede el primer Fuero de Daroca y en 1142 Ramón Berenguer IV de Barcelona y Príncipe de Aragón renueva el Fuero de Daroca concedido por su suegro de la manera siguiente:

“Ego, comes Raymundus Barcilonensis et princeps Aragone, concedo et otorgo istam cartam et istum forum et quidquid boni invenerint de his decem annis et do illis istos terminos de Vila Feliç ad Altea, a Cemballe, a Cubedo, a Cubillego, a Zafra, a Rodenas, a Sancta Maria , a Castiell Sauib, a Demuz, a Serreilla, ad Alpont, a la Cirab, a Tor Alba, a Montan, a Linares, a Rio de Martin, ad Vesa, a Fonte de Tossos, a Villa Nova, a Longares, a Cosuelda, a Codo, a Miedes, istas prenominatas cum suis terminis. Sunt testes: Lop Lopet, Artal, Arpa, Fortun Aztenaret, Garcia sanz de Vesa, Deus Adiuda, Pedro Martin, señior de Almaçan, Analdus Estopa [nnan], Guillen de [Sobirat] Berenguer de Barcilone, Mir de Luçan, Fortun Garces, maiordomo, Ernes Sanç de Siarç. Sancius Enegones, senior de Daroca, Bernardus, episcopus Cesaraugustanus. Dominante comité Raimundo in Barcilona et in Aragona et in Cesaraugusta. Regnante imperatore Leonis in Toleto et in Soria et in Calaforra et in tota Castella. Facta carta mense novembris, era M C LXXXª.

S [signo] Raimundi Comes. Signum regis [signo] Ildefonsi.

Qui voluerit corrumpere hanc cartam vel confringere rupta sint viscera eius et veniat super illum maledictio Dei et Sante Marie [et omnium ] sanctorum [et sit] male dictus et anatematizatus cum Juda traditore et cum Datam et Abiron in inferno habeat mansionem. Amen.

Que significa:

“Yo, Ramón, conde de Barcelona y príncipe de Aragón, concedo y otorgo esta carta y este fuero y cualquier bien que hayan adquirido desde hace diez años y les doy estos términos desde Villafefeliche, Atea, Cimballa,  Cubel,  Cubillejo,  Zafra,  Ródenas,  Santa María de Albarracín,  Castelfabib,  Ademuz, Serreilla, Alpuente,  Cirat,  Torralba,  Montán,  Linares, Martín de Río,  Huesa,  Tosos,  Villanueva,  Longares, Cosuenda, Codos,  Miedes; estos lugares señalados y sus términos. Son testigos: Lope López, Artal, Arpa, Fortún Aznar, García Sanz de Vesa, con la ayuda de Dios, Pedro Martín, señor de Almazán, Arnaldo Estopiñán, Guillén de Sobirat, Berenguer de Barcelona, Mir de Luzán, Fortún Garcés, mayordomo, Iñigo Sanz de Siare, Sancho Iñiguez, señor de Daroca, Bernardo, obispo de Zaragoza. Mandando el conde Ramón en Barcelona, en Aragón y en Zaragoza. Reinando el emperador de León en Toledo, en Soria, en Calahorra y en toda Castilla. Hecha la carta en el mes de noviembre del año 1142.

Signo del conde Ramón. Signo del rey Alfonso.

Si alguien quisiera corromper o destruir esta carta sean rotas sus entrañas y venga sobre él la maldición de Dios y de Santa María y de todos los Santos y sea maldito y anatematizado como Judas el traidor y con Satán y Abirón tenga su morada en el infierno, Amén.”

10-08-09

Desde Jérica resultó más fácil iniciar el viaje evocando, retrocediendo en el tiempo hasta el siglo XII, a Ramón Berenguer IV y la entrega a los Templarios de unos límites  señalados en Daroca  que debían ser conquistados para abrir la ruta para llegar a Valencia.

Descendimos por el valle que forman las altas y rocosas montañas y por la estrecha y curvada carretera  que conduce a Montán,  en las estribaciones de la Sierra de Espadán, alegre pueblo recostado sobre la montaña y donde un  grupo de casas, apiñado sobre una pequeña colina, forma el barrio de El Castillo y nos señala el lugar preciso donde se asentó la fortaleza árabe que tratábamos de localizar. Ha desaparecido en su totalidad; sólo pueden apreciarse distintos elementos de sus murallas mezclados con la estructura urbana, en especial en sus calles más antiguas.

Sguiendo por este mismo valle de la Sierra de Espadán, dejando atrás a  Montanejos,  llegamos hasta Cirat, alegre pueblo, donde, como vestigio más antiguo,  encontramos la robusta Torre de los Condes de Cirat, en cuyos muros pudimos apreciar  inscripciones latinas con  sentencias. Posiblemente, esté asentada sobre las ruinas de su antigua fortaleza árabe o sus piedras le sirvieron  algún  día .

Era la única construcción antigua  que encontramos en el pueblo ¿Pudo estar el castillo señalado por R. Berenguer en el lugar que ocupa la torre?

Dando un gran rodeo llegamos a Ayódar y Torralba del Pinar. Da la impresión de una población fortificada, de planta circular, con restos de una sólida muralla de aspecto musulmán con aspilleras. Quedan vestigios del castillo árabe, del que se aprecian restos de murallas entre las paredes rocosas que circundan la colina donde se edificó.

Retrocedimos hasta Montanejos  para tomar la carretera que asciende por el valle formado por el río Mijares y pasar por Puebla de Arenoso, Los Cantos, Olba, Fuentes de Rubielos y, una vez superado el largo puerto, llegar a Rubielos de Mora, Mora de Rubielos, Alcalá de la Selva y conseguir por Cedrillas la carretera de Alcañiz para llegar al río Martín donde no pudimos localizar restos de castillos árabes. Tal vez la cita de R. Berenguer se refiera al paso de los límites  cruzando el río y no a la existencia de algún castillo árabe.

8-08-09

En Viver de Río Martín tomamos la carretera que conduce a Belchite para llegar en Cortes de Aragón a la que conduce a Huesa del Común; donde encontramos los restos de su antigua fortaleza extendidos sobre toda la amplia montaña que custodia a un pueblo con rancio sabor medieval y vestigios de su antigua importancia y jurisdicción  sobre varios pueblos de su entorno, sobre todo el gran edificio del medievo que fue un día residencia del baile y del Concejo.

El Castillo de Huesa del Común, llamado de Peñaflor, se asoma sobre el abismo, entre grandes precipicios, al río Aguasvivas. La construcción se asienta en una elevada cresta calcárea cuyas extrañas formas «semejan tubos de órganos y escamas de un gigantesco dragón». Durante el reinado de Ramón Berenguer IV estas tierras pasaron a dominio cristiano.

Esta villa turulense tuvo, entre otros beneficios, el tener la jurisdicción criminal de los pueblos de Blesa, Muniesa, Josa, Cortes de Aragón, Plou, Maicas y Anadón que formaban el Común llamado de Huesa.

Atrás quedaron Loscos, Monforte de Moyuela, Villar de los Navarros, Herrera de los Navarros y Aguillón para llegar a Tosos, junto al RIO HUERVA, al norte del embalse de las TORCAS, hasta encontrar los restos de su castillo, algo separado del pueblo.

Retrocediendo en el camino, tomamos de nuevo la carretera  que conduce a Villanueva de Huerva que pudo ser la Vilanova de las cartas de Daroca. Nada ni nadie supo responder  a  nuestra pregunta: ¿dónde están las ruinas de un castillo?

Al anochecer llegamos a Cariñena donde pasamos la noche.

Al día siguiente (09-08-09) acercamos a Longares, pueblo atravesado por la N-330,  entre los ríos Huerva y Jalón y vigilando por la Sierra de Algairén. No aparecen vestigios de su antigua fortaleza y donde, como rastro de su época medieval, un reconstruido arco de piedra quiere darnos su nombre sobre cuatro azulejos blancos: “Puerta Somera”. Una esbelta torre mudéjar sobre su espléndida iglesia nos indica su notable importancia.

Muy cerca de Longares está Cosuenda. No encontramos vestigios árabes fiables, tan sólo una torre  seguramente de época musulmana, aunque no hay referencias que lo corroboren. Lo que sí es seguro que  la torre actual es parte del antiguo castillo de Cosuenda del siglo XIV, edificada ante las amenazas de invasión castellana de esta época. Nos llamó la atención sus viejas y artísticas bodegas excavadas en la roca.

Salimos en busca de Codos subiendo un empinado puerto en medio de una espesa niebla que fue disminuyendo a medida que descendíamos y nos acercábamos. Nada pudimos localizar de aquella antigua fortaleza a orilla del rio Grío entre las Sierras Modorra, Algairén y Espiga. Tan sólo algún típico pairón.

Continuando el viaje, detrás de un grupo de ciclistas llegamos a Miedes de Aragón, al pie de la sierra de Vicort.  que abría el paso a una inmensa llanura inclinada hacia el gran valle del Jiloca  sin que nada nos hiciera ver posibles rastros de su primitivo castillo. Junto a la iglesia y en medio de la plaza mayor se alza una espléndida torre fortificada del siglo XV.  Parece que el motivo de realizar este tipo de estructuras era servir como defensa ante los posibles ataques provenientes del vecino reino de Castilla.

Siguiendo el Jiloca pasamos por Mara, Belmonte de Gracián, Villalba de Perejil y Torres, antes de llegar a Calatayud, para volver por Paracuellos del Jiloca, Maluenda, Velilla, Fuentes del Jiloca, Montón  y llegar a Fillafeliche: bello rincón donde se asienta la población vigilada por su castillo árabe en la cima de la montaña con dos altas torres para vigilar el rico valle. Rápidamente vino a la memoria  que en este rincón Pedro II entregó a los Templarios la villa de Tortosa por la ayuda prestada en el conquista de El Cuervo, Castiel, Ademuz y Serreilla. Todavía se pueden apreciar, esparcidas por toda la vega, las pequeñas casetas de 6 m2., aproximadamente, en otro tiempo molinos dedicados a la fabricación de pólvora aprovechando la fuerza motriz del río Jiloca, el salitre de Épila, el azufre procedente de las minas de Teruel y el carbón vegetal que elaboraban los propios vecinos. Se dice que el último fabricante de pólvora se retiró en la década de 1960.

Por la N-234 atravesamos a Murero y llegamos a Atea, pequeña población donde abundan  las ya viejas construcciones de tapial y los pairones. Aparentemente nada nos hace ver su antigüedad ni  los  vestigios de su pasado histórico.

Tras vencer un empinado puerto por una estrecha carretera entramos en una inmensa llanura cubierta de rastrojos y girasoles y llegamos a CUBEL,  encima de un pequeño altozano. Municipio de la comarca zaragozana del Campo de Daroca, limítrofe con la Comunidad de Calatayud.  Población ubicada a mayor altitud (1.110 metros) de toda la provincia de Zaragoza, a la sombra de la sierra de Santa Cruz. Su ubicación en un cero condiciona el trazado del casco urbano, cuyas calles se adaptan a la orografía del terreno formando anillos concéntricos. Hay restos de una antigua fortaleza en la plaza; uno de cuyos torreones que sirve de campanario a su iglesia parroquial en la parte baja es del castillo árabe. Los restos del castillo medieval de Cubel fueron aprovechados para construir la torre de la iglesia, edificada con piedra sillar y rematada con campanario de ladrillo.


A través de una llanura de rastrojos y girasoles por donde la carretera dibuja una gran recta por Torralba de los Frailes, Aldehuela de los Liestos llegamos a Cimballa en medio de un valle formado por pequeñas colinas. En una de ellas sigue en pie una pared con almenas y aspilleras como testimonio de una primitiva fortaleza.

En sus proximidades se anuncia el nacimiento de las aguas del río Piedra que, aunque no nace en Cimballa, se puede decir que su nacimiento se encuentra en dicha localidad ya que el agua la recoge del río Molino, llamado así por la proximidad al molino que data del siglo XVII principios del XVIII. El nacimiento sorprende por la gran  balsa con tres ojos de unos 4 metros de diámetro cada uno. En el núcleo urbano encontramos la pequeña torre que se asomaba entre las ramas de las acacias pregonando la antigüedad de una iglesia románica muy reformada.

Retrocediendo por la misma carretera hasta Aldehuela de Liestos y Torralba de los Frailes, tomamos una carretera llana  entre rastrojos que bordea la laguna seca de Zaida y desde donde se vislumbra la de Gallocanta. Penetramos en la provincia de Guadalajara, atravesamos el pueblo de La Yunta y llegamos a Cubillejo de la Sierra y a Cubillejo del Sitio, separados sólo por tres kilómetros. Un gran chaparrón  nos impidió ver claramente el horizonte pero todo nos indicaba carencia de vestigios históricos. Un antiguo “pairón”, construcción típica del Señorío de Molina y del centro y sur de Aragón, nos recibe  junto a la carretera.

Retrocedimos hasta Cubillejos de la Sierra  para tomar el camino que nos llevará al castillo de Zafra a través de la sierra de Caldereros. El castillo se alza sobre una gran roca en la Vega de Zafra, entre Hombrados y Campillo de Dueñas.

Zafra quedó primeramente en poder del rey de Aragón, quien puso a la fortaleza entre los términos de Tierra de Daroca. Pero el señor de Molina, el conde don Manrique de Lara, en pleno proceso de consolidación de su territorio, reclamó a Ramón Berenguer la fortaleza, que este se la entregó. Así, en la descripción del territorio de Molina que se hace en el Fuero promulgado por su señor en el año 1154, aparece el castillo de Zafra nombrado como el más importante y querido de todo el Señorío de Molina, después de la fortaleza de la capital.

Es espléndido y llamativo. La roca sobre la que asienta fue tallada de forma que acentuara su declive y su inexpugnabilidad. En la pradera que la circunda solamente quedan mínimos restos de construcciones, que posiblemente pertenecieran a muralla de un recinto exterior utilizable como caballeriza o patio de armas. En lo alto del peñón aparece el castillo. Se sube a él por una escalera de madera que el actual propietario ha colocado. Sabemos que en tiempos primitivos, cuando los condes de Lara lo construyeron y ocuparon, Zafra tenía un acceso al que  algunos cronistas calificaron como “de gran ingenio y traza”.   Desde arriba se ve cómo se trata de un espacio estrecho, alargado, bastante pendiente. Una torre custodia la entrada por este extremo. A mitad del espacio de la lastra, surgen los cimientos de lo que fue otra torre que abarcaba la roca de uno a otro lado y,  una vez atravesada, permite entrar en lo que fuera «patio de armas», desde el que se accede a la torre del homenaje, hoy reconstruida en su totalidad, a la que se sube por una escalera de piedra adosada al muro de poniente, y permite recorrer sus dos pisos unidos por escalera de caracol. Una escalera interior permite subir hasta la terraza superior almenada.

Continuando el camino salimos a Hombrados

El mejor acceso al castillo de Zafra es el camino que sale de Campillo de Dueñas y cruza la sierra de Caldereros. Aunque también se puede llegar a él desde Hombrados, desde donde parten varios caminos, pero tomando el de la izquierda. Otro acceso posible es el camino que sale de la carretera de Molina a la Yunta, pasado Cubillejos que es el que usamos nosotros.

Empezó de nuevo a llover con intensidad. Tuvimos que volver hasta Molina para repostar y seguir  en busca del castillo de Ródenas  pasando por Campillo de Dueñas y Setiles. La lluvia había convertido la pradera sobre la que se asentaba un antiguo torreón en un inmenso lago y las faldas rocosas de negra piedra rodena de las montañas eran espectaculares cascadas.  Por fin, siguiendo un carril llegamos al castillo de Peracense.

Espectacular castillo sobre altas rocas rodenas. Sin duda, era lo que buscábamos.

Era hora de buscar acomodo y descanso en Orihuela del Romedal.

Al día siguiente  estuvimos en Albarracín

10-08-09

Camino de Alpuente entramos en Aras de los Olmos, visitamos su museo y nos sorprendió una pequeña torre árabe de tapial que se mantiene  entre corrales y casas y que forma parte del museo, le llaman la Torre del Cortijo y estuvo amurallada a juzgar por los restos que la rodean. Sin duda fue una de aquellas torres que a lo largo de la Ruta árabe vigilaba los caminos y también las tierras de labor.

y llegamos  a Alpuente

Y volvimos  a Ademuz donde quedan escasos restos de su castillo

compensados con los abundantes y espléndidos vestigios de la fortaleza de  Castielfabib asentada sobre el meandro del río Ebrón

Un poco cansados pero muy contentos volvimos a casa, pero, antes y para rematar nuestro recorrido, con acercamos a nuestro castillo de Serreilla. Castillo de Serreilla