A sus hijos y nietos les consuele el recuerdo de su buen humor y de su sonrisa.
Sonrisa brusca y trágicamente rota en las calles de Barcelona el viernes, día 2, mientras paseaba a sus 92 años.
Su cuerpo será incinerado pero sus cenizas volverán a su pueblo que, sin duda, las acogerá con cariño.