Amigos organizadores del Rally Montes de Cuenca, espectacularidad ante todo. Lo demás no cuenta. Muy lamentable.

Con gran dolor he visto que, a pesar de todo, el rally Montes de Cuenca pasará por la ermita de Alcalá de la Vega. De poco ha servido denunciar e informar a través de la prensa que había que respetar unas ruinas históricas.

http://4x4digital.com/portal/2010/10/al-final-se-celebrara-la-montes-de-cuenca-9905

Los organizadores quieren espectacularidad y no quieren renunciar al paso por la ermita de Alcalá de la Vega, despreciando cultura y patrimonio e hiriendo sensibilidades comprometidas con la Historia.

No es de extrañar que muchos quieran ir a Alcalá de la Vega en busca de las grandes emociones que, sin duda, encontrarán cuando vean a los coches del rally Montes de Cuenca con sus arriesgados pilotos descender por el artificial camino abierto para el caso, casi en vertical y desafiando al equilibrio, desde la ermita hasta el río: Sin duda el paso más espectacular de toda la carrera de los Montes de Cuenca.

Pero, tal vez, como ciudadanos de unas tierras a las que quieren, su sensibilidad les haría sentir otra gran emoción si supieran que aquel meandro que forma el río Cabriel y escenario del espectáculo —no de tanta dimensión pero con de igual intensidad y antigüedad— al igual que el promontorio de Cañaveruelas sobre el pantano de Buendía, el Cerro de Cabeza de Griego de Saelices o la planicie sobre el alto precipicio del río Gritos, donde también existen ruinas, ermitas o restos de iglesias y restos romanos, es una tierra patrimonialmente sagrada, donde han vivido —y también muerto— hasta el siglo XIII tres civilizaciones. La foto vía satélite descubre los increíbles dibujos que muestra su suelo bajo los cuales se albergan regulares cimentaciones y, tal vez, sorpresas. Algún arqueólogo anunció hace muchos años que el día que dispusiéramos de una foto aérea hecha a gran altura nos daríamos cuenta de su dimensión.

Y puestos a hacer las cosas bien, en 1985 no se debió abrir un camino donde no existía atravesando todo el meandro por encima de un gran cementerio; porque aquella ermita, que fue la primera parroquial que Alcalá de la Vega heredó y origen de los diezmos que siempre tuvo de sus tierras, no se reconstruyó lo suficientemente grande para albergar las tumbas del asentamiento romano que allí se estableció; tampoco las de los pobladores cristianos visigodos que habitaron el lugar que llamaron SERREILLA desde el siglo IV al VIII, aparentemente enterrados sin orden ni concierto pero fuertemente agarrados a su inseparable y pesada estela funeraria para no desprenderse de su edad ni de su rango; ni tampoco la ermita pudo albergar todas las tumbas de todos aquellos moros que a partir del 714, invadiendo y destruyendo el primitivo poblado,  amurallaron el recinto, construyeron su fortaleza aprovechando los despojos de los cristianos y se establecieron en este lugar por primera vez en la provincia de Cuenca.

A partir de 1210, fecha en que Pedro II de Aragón, ayudado por los Templarios, despachó a los moros, sólo los muertos y sus tumbas permanecieron en este lugar, que eran visitados frecuente y únicamente por los habitantes de Alcalá de la Vega, sus descendientes, para rendirles homenaje y rezar, los que sabían hacerlo.

El olvido y desconocimiento del lugar y sus características para unos y la falta de valor que se daba a las cosas, para otros, fueron su mejor defensa durante siglos; y sólo los alcaleños, orgullosos, veneraban y amaban a este lugar porque era la cuna de sus antepasados, el origen de los privilegios que gozaban y la razón de su existencia histórica. Cualquier ofensa a este lugar o a las tumbas o a sus muertos suponía ofensa para todo el pueblo de Alcalá de la Vega.

Desde 1985 a 1988, a causa del rally Montes de Cuenca y sus circunstancias, se ofendió al pueblo de Alcalá de la Vega  porque en este lugar se profanaron tumbas y arrancaron a sus muertos las estelas funerarias a las que estaban fuertemente agarrados robando 1500 años de su Historia.

Y es que no cabe duda que, entre los asistentes al espectáculo que suponía el descenso de los coches hasta el río, los había también quienes buscaban o encontraron alguna otra emoción. Y a cambio de dinero consiguieron que cuatro estelas funerarias visigodas fueran arrancadas con nocturnidad de este lugar, privando al muerto de su custodia, y las sirvieran a domicilio a un VIVO que ostentara su vanidad y alardeara de su dinero.

Y todo a costa de un pueblo que, aunque lamenta ver su decrecimiento, no puede aceptar que le roben  y maten su Historia cuando empieza a ser estudiada.

Los dos cómplices del expolio murieron con la pesadilla de su pecado y con el convencimiento de haber sido castigados muy severamente en vida por haber cometido un grave sacrilegio (!).

No estamos en contra del rally. Estamos en contra de que nos roben o destruyan nuestra Historia, que es de todos.

Deporte sí, a cualquier precio NO.

Niceto Hinarejos