Perdona, amigo Felix, porque hasta hoy no me he enterado. Me he encontrado por casualidad con tu esquela mortuoria en internet. Te fuiste tan callado que muy pocos se enteraron para que tu ida fuera más silenciosa.
Ya van quedando menos de aquellos que llevan al pueblo y a su patrimonio en el alma y gozan acariciándolos siempre que pueden. Cuando se vayan los pocos que quedan, posiblemente, el pueblo quede ”des-almado”; porque el alma - aunque no da dinero – tampoco destruye nada, ni quiere grandes obras a costa de destruir lo más valioso ni molinillos ni ralligs que pongan una corona de laurel marchita sobre algunas cabezas.
Amigo Félix, descansa en paz. Sin odios ni recelos ni envidias, ni emperadores ni todopoderosos con capacidad absoluta…
Te digo estas cosas porque seguramente no te has enterado.
Hiciste cuanto pudiste y sabías por tu pueblo.Tus recuerdos de niño los plasmaste en un libro para que muchos los aprendieran y otros los recordaran. Los envolviste con jirones de tu alma de tal manera que eras tú mismo, ilusionado.
Gracias, Félix.
