“Tú, tierra de Castilla, muy desgraciada y maldita eres al sufrir que un tan noble reino como eres, sea gobernado por quienes no te tienen amor”

Los moyanos en 1520, con Carlos I,  influenciados por los movimientos de Germanías y Guerra de Comunidades negaron su vasallaje al Marqués de Moya, apoderándose de su fortaleza. Logró escapar el Marqués don Juan de Cabrera y sus secuaces, no sin antes trabar un duro combate en Fuentelespino, en el que muchos murieron de una y otra parte, en el paraje que, desde entonces, se llama la “Cañada de la Matanza”. Desde Cardenete el Marqués de Moya pidió ayuda a su suegro el Duque del Infantado.

En el consistorio celebrado en Cuenca el 6 de Octubre de 1520 se dio cuenta de que la Junta Santa de las Comunidades de Castilla ordenaba que volvieran a la obediencia de su señor los vasallos del Marqués de Moya, que restituyeran lo que les robaron y que los caballeros y comunidades de Cuenca y Valencia no prestaran favor ni ayuda a los de Moya.

El Consejo de Cuenca acordó enviar tropas que escoltaran a la Marquesa y que con la ayuda de las de su padre (el Duque del Infantado) le ayudaran a recobrar sus estados.

Dispusieron 200 lanzas de hombres de a caballo y 1000 soldados de a pie que, tras doblegar y castigar a los levantados en Cardenete, se dirigieron a Alcalá de la Vega a los que trataron duramente y quemaron todos los libros y papeles de su Concejo, creando una gran pira en la plaza para escarmiento y les desposeyeron de muchas de sus tierras.

Esas tierras desposeídas, por la ayuda prestada,  pasarían al duque del Infantado,  quien, poco tiempo después, también adquiriría el título de Marqués de Cañete.