La iglesia:

Iglesia Fortaleza Templaria de Reconquista del siglo XIII

Primitivo sello parroquial

Los gruesos muros de su torre y los canetes de las vigas que aguantaban su primitivo y espléndido artesonado delataban su origen románico. Construida en el primer tercio del siglo XIII da el aspecto de sobria fortaleza, propia de la época. Parte de su adosada torre, canstruída con elementos de la fortaleza árabe y su cripta cementerio son del siglo XV.

Esbelta, cuadrada, sólida, mora y única

En 1701, el párroco Nicolás Argudo solicita fondos al Común para dar luminosidad a la iglesia.

La profanación de su cripta y la destrucción total del interior y del porche durante la Guerra Civil  motivaron sucesivas reformas que, por falta de medios y de criterio, fueron deteriorando sucesivamente su estructura y su originalidad.


A pesar de los graves problemas provocados por el curilla de turno, influenciado por algunas irresponsables personas, su parte interior ha recobrado, en parte, su estado primitivo. Cuando se esperaba una reforma que le devolviera su autenticidad, no se  respetaron ni estudiaron sus componentes más significativos, que hicieron desaparecer; se prescindió por orden de la Sra. Aparejadora de sus canetes  propios y característicos, y se despreció por parte del encargado del Patrimonio Diocesano sus peculiaridades, evitó un análisis arqueológico y protagonizó trece graves irregularidades y otros abusos que han motivado el desencanto del pueblo y la pérdida de antiquísimos elementos durante las obras.

Las últimas reformas realizadas en el tejado de la torre “in extremis” ha evitado su hundimiento pero no el deterioro.

LAMENTABLEMENTE NADA INTERESANTE HA VISTO EL ENTENDIDO  DELEGADO DEL

PATRIMONIO DEL OBISPADO

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Una de las características que a uno le lleva a pensar que el Temple puede estar detrás de un edificio es justamente el hecho de que no haya documentación sobre él. Porque cuando se abolió la Orden, las muchísimas posesiones que tenían fueron repartidas entre los más poderosos e influyentes que trataron de borrar toda huella templaria y todo vínculo con el Temple. Hechos propiciados  por los Caballeros de Santiago tan arraigados en Cuenca.

El arco románico de entrada a la torre y de subida al coro tiene un grosor de 1,40 metros. Se ve claramente el primer arco, posiblemente, la primitiva entrada y el posterior, adosado al primitivo, de la torre.

Hasta 1805 la iglesia fue cementerio y su cripta sirvió de fosa común y de osario.

Al echar el nuevo pavimento apareció esta enorme estela con estas medidas visibles:  62 x 42 x 60 cm. La tenacidad

evitó por tres veces que fuera enterrada.

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Aunque antiguamente era conocida como la “piedra de los diezmos”, posiblemente sirviera a apoyo a la columna que en un tiempo pasado sostenía el púlpito.

Hasta 1936 la entrada al coro era a través de una escalera por el interior de la torre.